Series de Escritos

Consecuencias, su efecto en la vida

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Si existe algo que no es posible evadir son las desiciones, si hay algo que no podemos evitar es crecer. No voy a generalizar, así que diré que son pocos los padres que enseñan a sus hijos lo que resta después de errar. Está en ellos esa cualidad natural sobreprotectora, el instinto de evitar en la medida que les sea posible que sus hijos sufran. Muchos dicen, “no quiero que viva lo que yo viví, que pase o sufra lo que yo sufrí.”  Es posible que las experiencias se asemejen, pero jamas serán iguales y cada uno aprende la lección correspondiente, no necesariamente la misma. Pero un padre no puede proteger a sus hijos toda la vida y forjar la vida por cuenta propia cuesta. Porque en la adultez toca afrontar las consecuencias de nuestros hechos.

Toco el tema de los padres como figura que provee seguridad, pero ese rol lo puede estar asumiendo cualquier persona que te haga sentir de esa manera. Tan seguro que evite que crezcas y te muevas a lograr lo que deseas. En lugar de erradicar el temor, basado en su buena intención, inconscientemente lo alimenta. A todos nos agrada sentirnos protegidos, amados, cuidados y no está mal si no es en exceso. Salir de la zona de comodidad es un reto y mas cuando da pavor pensar en lo que podría suceder. Eso es miedo a las consecuencias, que no te permite avanzar porque te sientes seguro en la posición y rol que has ocupado toda la vida. Qué no te exige algo que desconoces si puedes lograr.

Sin embargo, de pequeño no sabías caminar y aprendiste cayendo, no sabias corea en bici, también aprendiste. Tal vez, lanzándote de lugares altos sin pensar en la consecuencia que vendría si te caías. ¿Cuántas veces te raspaste las rodillas? Dolió, claro que dolió, mas al levantarte sólo pensabas en volverlo hacer.  Quizá, por unos días guardaste en el porche la bici, “con la excusa de no volver a subirte a ella” hasta que el dolor pasaba. Cuando las heridas sanan es tiempo de asumir riesgos que emulen el bienestar y la homeostasis en nuestra vida. Al aventurar en el mundo desconocido por primera vez, podemos tomar desiciones erradas y se vale porque es algo no conocido. Mientras redactaba esta entrada sólo venían a mi mente las personas que han estado confinadas.

Los errores no son medibles sencillamente son errores, como ellos hay muchas situaciones más. Estoy consciente de ello, pero por alguna razón muchos de ellos piensan que no tienen derecho a segundas oportunidades. No es así, muchos no estarán de acuerdo a este punto del escrito y comenzaran a mencionar posibles delitos cometidos sin que merezcan el perdón. Ojo, el perdón no se le otorga a quien lo merece sino mas bien, a quien por el contrario no lo pide aun cometiendo la falla. Porque el perdón limpia el alma y rejuvenece el espíritu de quien lo ejerce. Pero, no hablamos del perdón en esta ocasión, hablamos de las consecuencias. Es imposible pasar de ellas, una nueva oportunidad de vida no te exime de afrontar las consecuencias de tus actos, de nuestros actos, me incluyo.

Todos tenemos que tomar desiciones constantemente y no acertamos en. todo momento, hay ocasiones “que metemos la pata” eso sólo nos humaniza. Entonces, tenemos que aprender a ser empáticos  y solidarios con los demás. La mayoría guarda secretos en un cajón bajo llave en el cerebro, un pasado no muy claro y tampoco luminoso. De eso se trata la vida, aunque las consecuencias la afecten uno debe retomar las riendas y seguir avanzando. El camino no será de ensueño, pero hay que transitarlo y si aparecen montañas se escala, si surgen obstáculos se saltan. Si en el proceso te caes y se te dificulta caminar, entonces, gatea no te detengas. ¡Asume retos, lánzate!

Tal vez dirás, lo fácil que se dice… Créeme, sé de lo que hablo, viví una vida en base a mi condición de salud porque afectaba mi diario vivir. Con una pasión desde mi niñez por las letras, un sueño de escribir todo cuanto pudiese, pero  Gobernada por el miedo y la falta de confianza. Hasta que llegó la incertidumbre hace unos años y me dije, ya no mas, comprendí que mi vida estaba desorganizada. Tenía un sueño, pero no sabía como alcanzarlo y tampoco estaba dispuesta asumir las consecuencias. No estaba lista para asumir el hecho de que quizá no era realmente buena con las letras. Así, que me encerré en mi misma y así viví un tiempo, hasta que me cansé. Aquí estoy, luchando, accionando, caminando, en movimiento, fuera de mi zona de comodidad. En la constante búsqueda de alcanzar ese sueño apasionado e inmarcesible que mi alma anhela.

Dios ha sido el propulsor de mi vida y fuera de Él nunca me habría atrevido a lanzarme, pero esa confianza que me da su amor me impulsa a creer que lo puedo lograr. Qué si vienen consecuencias las afrontaré sin detenerme y sin mirar atrás…

Te invito a hacer lo mismo, persevera y cree,

Pola Guadal©

¿Qué Dios hay como tú,
que perdone la maldad
y pase por alto el delito
del remanente de su pueblo?
No siempre estarás airado,
porque tu mayor placer es amar.

Miqueas 7:18 | NVI |

2 comentarios en “Consecuencias, su efecto en la vida”

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