Otro día en la cotidianidad

Letras que penetran hasta partir el alma.

Hoy como cada día desperté agradecida por la vida, reflexionando en muchas cosas. A veces deseamos tanto algo que evadimos el cambio que traerá consigo. ¿Estamos realmente preparados para cumplir o alcanzar nuestros sueños? Tal vez haya cualidades nuestras que deban modificarse, así como actitudes o conductas aprendidas repetidas toda una vida. ¿Estamos listos para soltar lo que fuimos y somos, para abrazar lo que seremos? La vida no es una gesta estacionaria es un tren que no descansa en el que el tiempo no se detiene jamás. Vamos y venimos, transitando caminos, construyendo puentes, pero hubo momentos en los que también nos saboteamos. Nos hemos sub estimado en multitud de ocasiones y circunstancias, pero la vida es breve. Queremos y buscamos crecer, pero “estamos dispuestos a crecer”. Madurar duele, es deconstruir lo aprendido y aprender nuevamente aquello que ya dimos por sentado.

Camino en el interior de mi hogar contemplando todo detenidamente con atención, pues nuestras desiciones también nos juegan bromas. Donde lo alcanzado es bueno y creemos confiando que será permanente, pero no es así. Es como vivir en una casa alquilada y el dueño de pronto notificarnos que va a vender la propiedad. Debemos irnos de ahí, de los recuerdos, de lo vivido, de lo compartido y todo aquello a lo que de alguna manera nos aferramos. Y es que en la vida no es posible aferrarse, por el contrario hay que vivir desprendido. El mundo no deja de girar por nuestras situaciones o por qué alguien a quién amamos falleció, la vida sigue.

Puedo sonar cruel y no realista, mas la vida te enseña a vivir consciente de su brevedad. Llegado el momento la casa está en venta y hay que buscar a dónde mudarse sin saber hacia qué lugar dirigirse. Lo mismo sucede con nosotros nuestro cuerpo es un alquiler para nuestra alma y mientras tengamos vida hay que vivir. Con las consecuencias del como nos conducimos y entonces los por qué desaparecen, abriendo paso al para qué. Toda experiencia vivida nos mueve de nuestra comodidad nos recuerda que aun respiramos. No hay algo que suceda por casualidad todo es necesario, y en algún momento se alinea al plan principal. Las palabras toman otro sentido y afrontamos las emociones que estas nos transmiten. Transmutamos a medida que ellas nos definen, nos acercan a nuestra identidad verdadera. Entonces, ya no podemos huir debemos alcanzar todo aquello a lo que hemos sido llamados.

Eso me ocurrió a mí, mi vida ya no es la misma de hace unos 10 años atrás, los estados cambian y nos cambian. Las temporadas pasan y las hojas vuelven a brotar, pero sólo porqué las raíces permanecieron aferradas al terreno correcto. Ese que provoca que lo estéril de fruto abundante para que todos coman. Espero pronto darles más detalles y contarles de que se trata. Por lo pronto, diré que es un “Sueño Inmarcesible.”

Pola Guadal ©

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