El ser humano y su retrógrada evolución

La butaca está en la esquina del salón, la cama hace compañía al juego de comedor. El estudio yace en silencio justo a los recuerdos de personas que se marcharon dejando todo atrás. Entre telarañas se oculta la historia entretejida de la empañada soledad. Abrúmeda y Eustacio estacionados frente a la estructura de aquel que un día fuese su primer hogar. Coincidieron en el día y la fecha, pero separados ya no más juntos.

Siempre tuvieron sincronicidad y la pasión subyacente en intimidad. Pero, su éxtasis radicada en dañarse y herirse, eso aprendieron de la sociedad. ¡La violencia es amor! Gritan los contruccionismos de personas que permiten piensen por ellos. Hoy ese hogar vacío, lleno de sueños quebrados y rotos. Dos vidas sin vida en la misma capilla del mismo funeral. Quizá aún en la muerte no se separen y deban compartir la misma fosa.

Las ironías de un amor confundido ante la traición de una sociedad que a lo malo llama bueno. Dónde las leyes se crean por figuras de poder desde la base de la conveniencia e injusticia por estrata social baja. Hablan de empatía, de equidad, de solidaridad, de inclusión e incluso han prostituido la resiliencia. Causa repulsión que se nos caiga el mundo ante tanta decadencia y falta de escrúpulos. No me atrevería si quiera a mencionar la moral como punto de partida en este escrito. Pues la moral va de la mano de un juicio injusto cuándo se trata de hablar del otro y no de fijarse en la propia oscuridad.

A veces, me pregunto de dónde me sale tanta letra. Luego recuerdo que yo soy parte de la palabra creativa de Dios. Y ahora, tal vez me cuestiones dónde está Él cuando las cosas malas suceden. Sencillo, en el mismo lugar… ¿Sin hacer nada? Lo hizo todo para nosotros nos dio la flota, la fauna, el amor y lo entregó todo. Su único hijo sacrificó por restaurar la relación con el hombre, luego de su caída en el Edén.

¿Dónde estaba Dios cuándo los primeros hombres pecaron? Velando que obedeciera la única restricción que le había hecho. Dios nos creó sabiendo que todo esto aconteceria, no porque sea un Señor injusto. Todo lo hizo porque es fiel aún ante nuestra infidelidad, falta de fe, desobediencia, inclinaciones hacia la maldad. Pero no se puede defender a Dios él no necesita abogados, de hecho él es juez. Contrario a cómo lo presentan muchos, “El Dios castigador” y sólo eso. Dios es amoroso y misericorde, es imposible que el fuego no nos consuma si jugamos con el.

¿Quien que hace mal tiene una buena recompensa?

Queda abierto este trágico final, no por evitar debatir, es ese precisamente el hecho de la razón de estar al borde de la extinción. Porqué en lugar de una esperanza eterna elegimos las desviaciones del alma. Cada uno decide y es libre de elegir, pero luego no se puede culpar a alguien más. Asumir las consecuencias de eso se trata… En lugar de los acuerdos se promueve la guerra. ¡Verdaderamente será racional el ser humano! El individualismo deja entre ver la respuesta a ese problema.

Pola Guadal©

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