Incomprendidos por el dolor©

Luego de reorganizar la sala de estar me senté en el suelo a contemplar el tan necesario cambio. Desde allí todo parecía tan bonito, sobre todo la amplitud, el manto de la noche comenzando a caer. De pronto, al estirar mis piernas cansadas y acariciarlas para apaciguar el dolor; sentí una protuberancia. En la rodilla derecha sobresalía una cicatriz y me detuve unos segundos a mirar. Pero, por más que intente no pude recordar cómo me la hice.

Reflexionaba en el dolor físico que pude experimentar en ese momento, pero hoy ya no duele. Existe la evidencia de lo sucedido, pero siquiera recuerdo cómo sanó o el tiempo que tomó. Cada herida es distinta incluso más, si no se ve a simple vista porqué tiene o tuvo lugar en el alma.

Mientras la mente se ejercitaba buscando entre recuerdos las memorias del pasado. Las historias de cada cicatriz en mi cuerpo al continuar explorando con los dedos. De algunas pude apreciar el llanto incesante del dolor. Por otro lado, de otras la brevedad de los sollozos. Igualmente acontecido en el alma, dónde transita el deseo y las intenciones. Me detuve unos segundos en este pensamiento: “Se verán igual las cicatrices en el corazón.”

No pide evitar trasladarme a los momentos de angustia en mi vida. Las pérdidas, los duelos, la muerte, los desengaños, las decepciones. Sin embargo, aún cuándo fui profundo en mi cerebro haciendo consciente lo inconsciente; lo supe. ¡Realmente he sanado! No existe la posibilidad de ver la cicatriz, de hacerlas concretas y palpar. Oh, pero no cabe duda que la evidencia mayor soy yo. Al mirarme en el espejo ya no siento la obligación de mirar cuánto dolió.

Hubo un cambio de rumbo, un proceso, una nueva ruta, el diseño perfecto de la imperfección. Llámalo cómo quieras superación, resiliencia, apoderamiento. Sencillamente lo llamo despertar y no cualquiera; no es ese que sólo implica abrir los ojos luego de dormir. Es ese camino hacia el interior que te descubre y te permite ver qué eres más. Luego de eso te levantas al caer, vuelves a intentarlo si no resulta a la primera, no huyes las temporadas de dolor sino que las atraviesas. Aceptas que las temporadas sólo eso son

Entonces, vives sin amargura, sin lástima, sin reproches. Admirando las cicatrices desde adentro, atesorando las lecciones y fluyendo en perdón, sanidad, plenitud. No porqué sea perfecta la vida sino porque cada día te vas perfeccionando a ti mismo. Y es esa la más bonita de todas las obras de arte. Pintate de esperanza sin amedrentarte por difícil que parezca todo ahora. Tarde o temprano el sufrimiento termina, las piezas encajan y el rompecabezas se completa.

¡Eres la pieza perfecta! Aunque luches con la incomprensión de todos, tu vida vale y nadie puede ocupar tu lugar.

¡Vive! ¡Vive! ¡Vive!

Tanialis Cepeda, PG

2 comentarios sobre “Incomprendidos por el dolor©

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